viernes, abril 20, 2012

Mi mundo es un libro

Apenas quedan libros en esta estantería que no haya releído ya, hay unos cientos de ejemplares de todas las épocas y estilos, algunos de ellos podría recitarlos de memoria igual que una de esas canciones pop que tanto suenan en verano.

En lo alto del todo guardo los libros prohibidos, aquellos que leí en una mala época y que no me traen precisamente buenos recuerdos, la verdad es que son bastantes, muchos mas de los que me gustaría que hubiese, en fin...
Abajo junto a mis pies descansan los libros grandes, ejemplares en tapa dura de El Quijote, una versión ilustrada de La Historia Interminable, las obras completas de varios filósofos, pensadores y poetas, libros tan pesados y profundos que cuesta subirlos mas arriba.
Justo a la altura de mis ojos están los grandes cabrones, puteros, borrachos, fumadores de opio, ranas de absenta, médicos aficionados, monjes paganos y demás escritores que se dejaban influenciar por musas prohibidas sin morir en el intento, supongo que no puedes hablar del infierno si no has sentido su fuego bajo tus pies.

Por el resto de la casa hay estrategicamente distribuidos ejemplares menores que si bien no sacian mi sed de palabras tienen una utilidad perfecta como improvisada silla, para calzar una mesa o como cubre manteles, como siempre fui muy de reciclar también tengo en el salón propagandas políticas y panfletos que uso como papel de liar o en caso extremo como papel higiénico.

Se podría decir que mi casa este formada de libros, que las pareces son de cartulina y las cortinas de volátil celulosa, el suelo de cartón y todo lo demás esta formado por letras, numeros y caracteres de cientos de idiomas, algunos ni siquiera los conozco y otros no tengo la certeza de haberlos visto nunca.

Y en el centro de la casa:
-Por un lado estoy yo ¿pero quien soy yo? ¿El escritor, el narrador o uno de los personajes? Puede que sea de algún modo todos ellos a la vez: un poco de aventurero, torpe poeta, algo de romantico, voz ronca, un puñado de risas y un mar de lagrimas y por supuesto un tercio de loco.

-Por otro lado estas tu, ¿pero donde estas? ¿En una mazmorra, en lo alto de una torre, en el fondo del mar, perdida entre montañas o en una gran ciudad? Quizas me equivoque buscandote en los libros, quizas seas la protagonista de una historia que aun esta por escribir, quizas tenga que salir a la calle para llegar hasta ti...

lunes, marzo 19, 2012

La lavadora

Sentado frente a la lavadora, todo da vueltas, mientras centrifuga su alma, el mareo y la angustia que produce dar tantas y tantas vueltas hacen que termine tumbado en el suelo, ya no hay nada mas bajo donde yacer. Desde su nueva dimensión puede ver una mancha en el techo, un borrón que le recuerda fugazmente a un antiguo amor o quizás sea el resultado de su ultima borrachera y el exceso de euforia...

Tras un tiempo que no supo contar la sed creció, el hambre volvió y la ansiedad de su pecho le hizo incorporarse, cogió su sombrero y su bastón, miro en sus bolsillos buscando algún tesoro aunque solo encontró agujeros, absorto miro a su alrededor y vio un cerdo de barro observándole con cara de horror, con el bastón en la cabeza lo acaricio y de monedas el suelo se lleno. Solo cogió unas pocas, sabia que el resto estarían ahí esperándole y no tendría que hacerle daño a ningún otro animal para conseguirlas.

Paseaba por las calles con una sonrisa, el bastón ondeando creando estelas en la brisa, la primavera llegaba y las flores brotaban sin prisa. ¡Flores! recordó que a la chica del techo le gustaban las flores, compro un lazo y arranco unas margaritas, ahora solo tendría que seguir su camino hasta la casa de la chica del borrón, hasta la casa donde le aguardaba su amor.

En la casa no había nadie pues al timbre nadie respondió, miro por las ventanas y todo era oscuridad, el buzón estaba lleno de polvo y publicidad, ¿donde estaba su amor? Cuando se marchaba un recuerdo fugaz surco su mente, una llave bajo una piedra roja y brillante. Abrió la puerta despacio, la luz encendió y hallo una lavadora dando vueltas en medio del salón, pero ¿que era todo aquello? ¿donde estaba su amor?

Se sentó frente a la lavadora, desojo las margaritas y el suelo se lleno de cientos de pétalos blancos y verdes tallos, mezclaros con trozos de loza y algunas monedas, botellas vacías de vino, sangre y arena, mientras en la lavadora todo daba vueltas.